EL "PERDÓN DE ASÍS" O "INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA"

Como cada año, el 2 de agosto la familia franciscana celebra con alegría la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles. Millones de fieles podrán recibir el “Perdón de Asís” o “Indulgencia de la Porciúncula”, ganándolo para uno mismo o por los difuntos. Para ello es necesario visitar desde el mediodía del 1 de agosto a la medianoche del día siguiente (fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles) la misma iglesia de Nuestra Señora bajo esta advocación en Asís (conocida como la Porciúncula)  o cualquier iglesia franciscana del mundo, rezando el Padrenuestro y el Credo y pidiendo por las intenciones del Papa. Además, han de recibirse los sacramentos del Perdón y la Eucaristía. En el Santuario de la Porciúncula en Asís gracias a un decreto especial de la Penitenciaría Apostólica del 15 de julio de 1988 (Portiuncolae sacrae aedes), se puede ganar la indulgencia durante todo el año.

Una noche del año 1216 Francisco estaba en oración y contemplación en la Porciúncula cuando, de improviso, vio sobre el altar a Cristo revestido de luz y a su derecha a su Madre Santísima, rodeados de una multitud de Ángeles. Con el rostro en tierra Francisco adoró a su Señor en silencio. Le preguntaron qué deseaba para la salvación de las almas. La respuesta de Francisco fue inmediata: “Santísimo Padre, aunque yo soy un pobre pecador te ruego que a todos los que, arrepentidos de sus pecados y confesados, vengan a visitar esta iglesia, les concedas amplio y generoso perdón, con una completa remisión de todas las culpas”. El Señor le dijo: “Lo que pides, hermano Francisco, es grande, pero de mayores cosas eres digno, y mayores tendrás. Por lo tanto accedo a tu petición, pero con la condición de que pidas de mi parte a mi vicario en la tierra esta indulgencia”. 

Francisco se presentó de inmediato al Papa Honorio III, que en aquellos días se encontraba en Perugia, y le relató la visión que había tenido. El pontífice le escuchó con atención y después de algunas objeciones, le dio su aprobación. Luego le dijo a Francisco: “¿Cuántos años de indulgencia quieres?”. El “Pobrecillo” de Asís respondió: “Padre Santo, ¡no pido años, sino almas!”. Y se dirigió feliz hacia la puerta. Pero el pontífice le llamó de nuevo: “¿No quieres ningún documento?”. Y Francisco le contestó: “¡Santo Padre, me basta su palabra! Si esta indulgencia es obra de Dios Él verá cómo dar a conocer su obra; yo no necesito ningún documento; el papel debe ser la Santísima Virgen María, Cristo el notario y los Ángeles los testigo”.
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